Por Aylin Mariani –
En 1967, un chico de 14 años captó una imagen que aún hoy divide a la ufología entre la sospecha de fraude y la posibilidad de lo imposible.
Lo que parecía una tarde cualquiera terminó convirtiéndose en una de las escenas más extrañas de la historia de la ufología. Ronnie Hill, un adolescente del condado de Pamlico, Carolina del Norte, llevaba consigo su cámara cuando, según su testimonio, presenció lo imposible: una pequeña figura humanoide, inmóvil, como si lo observara, junto a una esfera blanca posada en el suelo.
Le tomó una sola foto. Una única oportunidad. La imagen, borrosa y oscura, como tantas que muestran “lo que no debería existir”, no pasó desapercibida.
En 1969, la revista Flying Saucer Review publicó el caso en un artículo del escritor John Keel, titulado El pequeño hombre de Carolina del Norte. Allí se describía lo que mostraba la fotografía: una diminuta figura sosteniendo un objeto oscuro, a metros de una nave esférica.
La historia llegó a Keel gracias a una carta enviada por el propio Ronnie dos años antes, el 21 de julio de 1967. Un adolescente. Una cámara. Un instante irrepetible.
¿Engaño o hallazgo?
La polémica nunca se disipó. Para algunos, se trató de un fraude juvenil; para otros, de la captura accidental de algo que jamás debió ser visto. La foto, de baja calidad, se convirtió en un ícono cultural del misterio, recordando que incluso las imágenes más imperfectas pueden alimentar la narrativa sobre lo desconocido.
Un rincón para las historias
El caso de Ronnie Hill sigue siendo citado en la ufología clásica como ejemplo de cómo lo cotidiano puede transformarse en relato extraordinario. Un adolescente y su cámara bastaron para que el mundo entero se preguntara: ¿qué fue lo que realmente vio?
El mundo entero y sus historias caben en este pequeño rincón.
*Colaboración para En Provincia.
Fotografía: Archivo web.