Domingo Faustino Sarmiento: el maestro que soñó una nación

Por Aylin Mariani* –

Hijo de una familia humilde de San Juan, Sarmiento convirtió la educación en bandera y la palabra en arma. Su legado, entre luces y sombras, sigue marcando el rumbo cultural de la Argentina.

Domingo Faustino Sarmiento nació en 1811 en San Juan, en un hogar de recursos escasos pero atravesado por la vocación de servicio. Su madre, doña Paula Albarracín, fue figura clave en su formación, y desde niño mostró una pasión por el estudio que lo acompañaría toda la vida.

Maestro, periodista, escritor y político, Sarmiento se destacó por su incansable lucha contra la ignorancia. Su obra más célebre, Facundo o Civilización y Barbarie (1845), es tanto un retrato de la Argentina de su tiempo como un manifiesto sobre el futuro que imaginaba: un país moderno, educado y abierto al mundo.

En 1868 fue elegido Presidente de la Nación Argentina, cargo que ejerció hasta 1874. Durante su mandato impulsó la creación de escuelas, bibliotecas y programas de formación docente. Su obsesión era clara: “Gobernar es educar”. Bajo su gestión, la matrícula escolar se multiplicó y se sentaron las bases de un sistema educativo nacional.

Pero Sarmiento no fue una figura sin controversias. Su visión de “civilización” lo llevó a confrontar con tradiciones locales y con sectores populares, generando tensiones que aún hoy se discuten. Su estilo vehemente y su pluma filosa lo convirtieron en un polemista incansable, capaz de admirar a Estados Unidos como modelo y, al mismo tiempo, criticar con dureza a sus adversarios políticos.

Tras dejar la presidencia, continuó escribiendo y viajando. Murió en 1888 en Asunción del Paraguay, dejando una obra vasta que abarca pedagogía, política y literatura. Su figura, compleja y apasionada, sigue siendo referencia obligada en la historia argentina.

*Colaboración para En Provincia.

Imagen: Archivo web.