En solo un año, mientras nuestra vida siguió su curso, el sistema solar cambió de maneras que cuesta imaginar.
La Luna continúa alejándose de la Tierra cerca de 3.8 centímetros cada año. Ese movimiento gradual se mide con reflejos láser enviados a los reflectores instalados durante las misiones Apolo. Las mareas terrestres transfieren energía y, como consecuencia, la órbita lunar se expande lentamente.
El Sol perdió alrededor de 174 billones de toneladas de masa a través de la energía que irradia. En su interior, la fusión nuclear convierte hidrógeno en helio, y parte de esa materia se transforma en energía que escapa al espacio. La pérdida anual es diminuta comparada con su tamaño total, pero suficiente para influir en la gravedad del sistema solar a lo largo del tiempo.
La Tierra completó su viaje alrededor del Sol recorriendo aproximadamente 930 millones de kilómetros. A nuestra escala no lo notamos, pero nos desplazamos por el espacio a unos 30 kilómetros por segundo, inmersos en una órbita estable que nos sostiene y nos da estaciones, días y años.
La galaxia de Andrómeda se acercó unos 3 500 millones de kilómetros hacia la Vía Láctea. Es nuestra vecina más grande y la gravedad está reuniendo lentamente nuestros destinos. Ese acercamiento es real, aunque imperceptible en una vida humana: la colisión ocurrirá dentro de miles de millones de años.
Imagen: Capilot IA.