
El encuentro del pianista José Colángelo y del armoniquista Franco Luciani para registrar una decena de “Tangos improvisados” es una comprobación de la vigente belleza del género y también del talento interpretativo de quienes se animan a un cruce tan fresco como audaz y subyugante.
Sumando además el notable aporte de Pablo Motta (contrabajo) y Leonardo Andersen (guitarra), quienes integran el grupo del artista rosarino, la placa regala en poco más de media hora un remanso de melodías fascinantes y un juego libre e inspirado para abordarlas.
Es que el material producido y dirigido artísticamente por Mavi Díaz consigue exaltar el espíritu de Colángelo quien a sus 80 años sigue con deseos de jugar con un material sonoro que maneja con maestría y la decisión de Luciani por continuar poniendo a prueba los torbellinos que desata su armónica.
Tras haber coincidido para homenajear a Hugo Díaz en octubre de 2015 y animar el concierto de cierre del Festival y Mundial de Tango de Buenos Aires en agosto de 2019 como un modo de evocar la experiencia del pianista que fue parte del trío que acompañó a la armónica de Díaz en tres álbumes, la apuesta que ahora puede apreciarse en plataformas digitales va más allá del tributo.
Así se expande el universo de Carlos Gardel con una antológica visita a “Golondrinas” y se relee el legado troileano de Colángelo (fue el último pianista de su orquesta debutando en noviembre de 1968 en reemplazo de Osvaldo Berlingieri) de la mano, por ejemplo, de “María” y “Barrio de tango”.
El repertorio suma “Tu pálida voz”, “A media luz”, “Duelo criollo” y “Papá Baltasar/Oro y Plata”, en un recorrido placentero que constituye tierra fértil y sensible para un fecundo diálogo de los instrumentistas.
En medio de esas inspiradas recuperaciones, la placa incluye creaciones nuevas como “Sin pretensiones”, de Colángelo, y “El sainete del diablo”, que Franco compuso junto a Alejandro Szwarcman y donde hasta canta alguna estrofa.
Para el cierre y como gesto cumbre de esta juntada en torno al tango, el cuarteto regala “Los mareados” que debe incluirse entre las mejores aproximaciones posibles a ese himno creado por Juan Carlos Cobián y al que Enrique Cadícamo le puso letra en 1942.